Mártires de la Tradición en Mata de los Carlistas 2017



 El pasado sábado 25 de marzo, la A.C.T. Fernando III el Santo organizó por segundo año consecutivo la Festividad de los Mártires de la Tradición en Mata de los Carlistas, Palencia (Reino de Castilla).

 Ya desde primera hora de la mañana, fueron acercándose hasta la localidad palentina de Ayuela de Valdavia, desafiando al mal tiempo, algo más de una veintena de carlistas llegados desde distintos y distantes lugares de nuestra Patria. Desde nuestra Asociación, no podemos más que agradecer la presencia de todos ellos, entre los cuales además figuraban significativos representantes de las principales organizaciones carlistas;  y muy especialmente agradecer la presencia del Rvdo. Padre Don José Ramón García Gallardo, quien una vez más mostró un afectuoso y generoso compromiso con los tradicionalistas palentinos.

 La jornada, que comenzó con el cielo amenazante, pronto se tornó en copiosa nevada primaveral, lo cual obligó a sustituir la programada misa de campaña, por otra a cubierto en un local que generosamente nos cedió el Ayuntamiento de Ayuela de Valdavia. Tras la ceremonia religiosa en honor de la Anunciación de la Virgen, se recorrieron a pie los algo más de dos kilómetros que separan la localidad valdaviesa de la Mata de los Carlistas, bajo una nevada cada vez más intensa; que concluyó con la celebración del previsto responso por los carlistas allí sepultados, así como con la lectura de un recordatorio de todos los mártires caídos en defensa de Dios, de la Patria y del Rey; finalizando el acto con los tradicionales y obligados cánticos. La jornada concluyó con el tradicional almuerzo de hermandad en el restaurante Casa Carmelo (excepcional comida y trato) de la cercana e histórica villa de Saldaña.

 Una gran jornada sin duda, que ya una vez pasada, se convierte en responsabilidad para estar a la altura, en la que ha de venir el año próximo; pues cada vez es más evidente que los españoles no pueden tener otro camino que el de reconocer e intentar emular a quienes entregaron su vida por sus libertades y tradiciones, si es que verdaderamente aspiran –como ha de ser si en verdad se es de noble estirpe hispánica a reconquistarlas.




Finalizaba el verano de 1837, cuarto ya de combate fraticida entre españoles en la que fue la primera de las llamadas “guerras carlistas”, cuando en este preciso lugar, conocido desde entonces como Mata de los Carlistas, una partida leal al rey legítimo Don Carlos fue interceptada por tropas cristinas. No conocemos a ciencia cierta, aunque podemos suponerlo, si hubo combate o por el contrario fueron capturados por sorpresa, pero lo que sí nos ha transmitido la tradición popular, es que exceptuando a un joven soldado que logró escapar con la ayuda de un pastor de la cercana localidad de Ayuela, el resto de los hombres que formaban la partida carlista, fueron aquí mismo ejecutados, siendo posteriormente enterrados por las gentes de la Valdavia. No quedó ahí la cosa, ya que también se marcó el túmulo con una cruz de piedras (similar a la que hemos repuesto), la cual durante décadas, hasta ya bien entrado el pasado siglo, mantuvo la memoria de los carlistas aquí enterrados. 




                              Lo demandó el Honor y obedecieron;
                                            Lo requirió el Deber, y lo acataron;
                                           Con su sangre, la empresa rubricaron;
                                            Con su esfuerzo, la empresa redimieron.

                                           Fueron grandes y fuertes, porque fueron
                                          Fieles al juramento que empeñaron.
                                           Por eso, como púgiles lucharon,
                                          Por eso, como mártires murieron.

                                          Inmolarse por Dios fue su destino;
                                         Salvar a España, su pasión entera;
                                          Servir al Rey, su vocación y sino.

                                         ¡No supieron querer otra bandera!,
                                          ¡No supieron andar otro camino!,
                                         ¡No supieron morir de otra manera!.

Martín Garrido Hernando

Cruz de la Mata de los Carlistas

Cien años después de la Revolución

La Federación de Asociaciones Rusas (FAR) que reúne al conjunto de asociaciones que se crearon al inicio y durante la gran emigración, ha difundido un comunicado con motivo del centenario de las revoluciones rusas.


2017 será el año del centenario de las dos revoluciones rusas, la de febrero y la de octubre. Dos revoluciones que cambiaron el curso del Siglo XX por la instauración de un poder totalitario con la finalidad de establecer el comunismo. Este centenario dará, sin duda, paso a análisis a veces divergentes, tanto en Rusia como en el resto de Europa o en otros continentes.

La Federación de Asociaciones Rusas (FAR), que agrupa a las asociaciones que surgieron de la gran emigración rusa de los años 1920, (http://www.far-asso.eu), tiene la obligación de pronunciarse.

En memoria y en el nombre de nuestros padres que tuvieron que abandonar masivamente y contra su voluntad su Patria para dispersarse sobre los cinco continentes, los miembros de la FAR desean transmitir con fuerza su testimonio legítimo. En lucha contra la desinformación y el olvido, queremos recordar lo que era la “Rusia de antes” – un país de antigua civilización, con una economía en plena expansión – y denunciar la verdadera tragedia que supuso el año 1917 y la terrible guerra civil que le siguió, en la historia de Rusia y del mundo. En el nombre de una utópica felicidad de los pueblos, estos meses dramáticos dieron paso a un poder totalitario que sembró la ruina y la desolación sobre un gigantesco territorio, sin retroceder ni un momento ante cualquier masacre para dar vida al pretendido “Hombre nuevo”.

Se nos presenta una oportunidad histórica de redescubrir una verdad compleja, mucho tiempo ocultada por la mitología soviética. Los descendientes de aquellos que fueron llamados “rusos blancos” aprovechan la ocasión para ponerla de manifiesto. Nada sólido puede ser construido sobre la mentira.

Después de siglos de monarquías cristianas que regían la vida y la cultura de lo que se llamó la “Santa Rusia”, se estableció un sistema inspirado en una ideología revolucionaria y con frecuencia terrorista, nacida en el Siglo XIX. Después de una fase experimental en Rusia, este sistema se dio por misión la revolución mundial, tan querida por Lenin y Trotski.

Recordemos el contexto:

RUSIA, UNA POTENCIA EN PLENA EXPANSIÓN

·         En vísperas de la Primera Guerra Mundial, antes de 1917, Rusia era la cuarta economía del mundo con una tasa de crecimiento cercana al 10%. Su riqueza era estimada en 120 mil millones de rublos, en comparación con los 130 mil millones de Francia, 160 mil millones de Alemania y 180 mil millones de Gran Bretaña. La tasa de crecimiento constatada en esa época llevo a ciertos economistas a prever para Rusia una situación mejor a partir de los años veinte. Este desarrollo económico tuvo a su vez importantes avances sociales y en particular en las fábricas.

·         Entre 1875 y 1914, la población de Rusia se multiplico por dos para llegar a alcanzar cerca de 180 millones de habitantes, lo que situó a Rusia en el primer puesto de las grandes potencias.

·         En materia del derecho de familia, hay que destacar una notable independencia jurídica de la mujer, y en particular en la capacidad para heredar y la disposición de sus bienes privativos, ventajas excepcionales para la época.

·         Los científicos e industriales rusos se sitúan en el origen de numerosos avances en investigación tanto teórica como aplicada. 1

·         La expansión y proyección cultural acompañan al desarrollo económico y tienen  una difusión sin precedentes. 2

·         Un manifiesto esfuerzo en materia de escolarización gratuita, obligatoria desde 1908, se tradujo en un aumento considerable de nuevas escuelas en la década anterior  a la Primera Guerra Mundial.

·         En política exterior la Conferencia de La Haya, reunida por primera vez en 1899 por iniciativa del Emperador Nicolás II, propuso la creación de una liga internacional para preservar la paz mundial (antecesor de la Sociedad de Naciones y posteriormente de la Organización de las Naciones Unidas).

UNA GRAN POTENCIA VULNERABLE

La abolición de los siervos en 1861 por el Zar Alejandro II no solucionó el problema del reparto de la tierra. Pese a numerosas reformas, entre otras las prometedoras iniciadas por el Primer Ministro del Emperador Nicolás II, P.I. Stolypin, frustradas por su asesinato en 1913, el mundo agrícola en 1914 esta supeditado a la cuestión de la propiedad de la tierra. La débil instrucción de los campesinos refuerza la debilidad económica y social del campo ruso que acoge a casi el 80% de la población rusa.


1      Escuela matemática (N.I. Lobatchevsky, P.L. Tchebychev, V.V. Harkov, A.M. Liapounov,N.N. Louzine) lámpara incandescente (patente A.N. Lodyguine 1874, P.N. Yablotchov 1876) soldadura con arco eléctrico (N.N. Bernados 1882, N.G. Slavianov patente en 1891)radio (A.S.Popov 1895) telégrafo ( C.I. Konstantinov 1848), teléfono (P.M Goloubitzky 1883), televisión (B.L.. Rosing, patente 1908), química (D.I. Mendelev clasificación periódica de los elementos 1869) metalurgia y petroquímica (V.G. Chukhov), submarinos (K.A. Schilder 1834), rompehielos (M. Britnev 1864), aviación (A.F. Mojarïsky, patente 1881, I.I. Sikorsky, D.P. Grogorovitch 1913) fotografía en blanco y negro y color (S.M. Prokoudine-Gorsky patente 1905) fotografía aérea (S.A. Ulianin patente 1910 y giroscopio patente 1915), agronomía (V.V. Dokoutchaev, S.N. Vinogradsky) biología y medicina (N.I. Pirogov, I.P.Pavlov premio Nobel 1904, I.I. Metchnikov premio Nobel 1908)……

2         Música (A.N. Scriabine, A.K Glazounov, S.V. Rachmaninov, I.F.Stravinsky, F.I. Chaliapin, V.V. Andreïev…) danza (V.F Nijinsky, A.M. Pavlova, S.P. Diaghilev), poesía y literatura (A.P.Tchekov, L..N. Tolstoi, A.A. Blok, C.D. Balmont, L.N. Andreev, M. Gorka, I.A Bounine), teatro (C.S. Stalinavsky), iconos (D.S. Stellestsky) pintura y arte decorativas (I.E. Grabar, V.M. Vasnetsov, M.N. Nesterov, I.E.Repine, I.I. Bilibine, P.A. Maliavine, V.A. Serov, I.I. Levitan, M.A. Vroubel, L.S. Bakst, A.N. Veníos, C.A. Korovine, M.V. Doboujinsky).
                                                                                                                                                                                                                                  

Durante el Siglo XIX, los movimientos revolucionarios se suceden los unos a los otros con aproximaciones y determinaciones varias (decembristas, Herzen, Bakunin…). Pese al fracaso de la revolución de 1905, el poder imperial tiene enormes dificultades para dar soluciones al malestar social y político reinante, lo que debilita su autoridad.

LA REVOLUCIÓN DE 1917 FAVORECIDA POR LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Al igual que sus aliados, Rusia se involucra plenamente en la Primera Guerra Mundial. En 1914, para salvar Paris de la ocupación alemana en el frente de la Marne, Rusia lanza una ofensiva en el Este sacrificando sus Regimientos de élite (entre otros los Regimientos de la Guardia Imperial) en las marismas de la Prusia oriental. Esta ofensiva y la llevada a cabo en 1916, asistida con el envío de un Cuerpo Expedicionario en Francia y Salónica, fueron objeto de reconocimiento por el mariscal Foch que dijo:” Si Francia no ha desaparecido de la faz de la tierra, se lo debemos ante todo a Rusia….”. En el ámbito militar, el frente se encontraba estabilizado en toda su extensión, con la perspectiva de una gran ofensiva prevista para la primavera de 1917. Pero la guerra llega a un punto muerto y se vuelve impopular, como sucederá en todos los frentes occidentales. El cansancio profundo de los soldados se ve acentuado por una propaganda eficaz en el frente y en la retaguardia. Desde 1905, bajo la apariencia de una autocracia de derecho divino, el poder imperial se acompaña de un sistema legislativo (la Duma) que no es otra cosa que el embrión de una monarquía constitucional, beneficiado a menudo de un contrapoder de hecho. La guerra incrementó aún más el peso de la burocracia, así como el de los generales cuyos cometidos pasan a desempeñar un primer plano por el hecho de las hostilidades. La desorganización de los abastecimientos de las grandes ciudades y una constante e intensa desinformación, apoyada en muchas ocasiones desde el extranjero, agravan la situación.

En febrero de 1917, aprovechándose de los movimientos populares en San Petersburgo (Petrogrado), algunos líderes políticos y la mayoría de los generales que mandaban en el Estado Mayor del frente ruso fuerzan a Nicolás II a abdicar. El Zar y su familia son recluidos. El gobierno provisional que nace de esta abdicación se fija dos objetivos: proseguir la guerra y la organización de elecciones para la formación de una Asamblea Constituyente.

La desorganización del país y la debilidad del gobierno provisional no permiten la celebración de estas elecciones antes de noviembre de 1917, mientras tanto la propaganda llevada a cabo por los bolcheviques desagrega el frente. Alemania sostiene financieramente a los revolucionarios más activos y facilita la vuelta de Lenin a Rusia en el famoso “vagón blindado”. La Asamblea constituyente elegida a finales de 1917 es arrasada  por los bolcheviques que se hacen con el poder por el golpe de estado de octubre, a lo que posteriormente el poder soviético llamará “la gran revolución de octubre”.


Los bolcheviques dirigidos por Lenin firman inmediatamente una paz separada con Alemania, con absoluto desprecio de los acuerdos vigentes con los Aliados. Este acto unilateral aniquila los sacrificios del Imperio Ruso, aceptados por la fidelidad a la palabra dada. El tratado de Brest-Livosk (3 de marzo de 1918) supone la pérdida de 800.000km2, del 75% de la producción de carbón y de hierro, del 32% de la producción agrícola y el 23% de la producción industrial.

Bajo el férreo mandato de Lenin los bolcheviques, pese a ser una minoría en el país, instalan un sistema dictatorial. Este último se apoyará en el terror y las masacres indiscriminadas de “los enemigos de clase” (nobleza, eclesiásticos, burguesía, campesinos acomodados, militares, emprendedores…); la Familia Imperial será salvajemente asesinada en julio de 1918.

Convertido ya en soviético, este régimen perdurará durante cerca de siete décadas, y en particular durante los horrorosos años de la época estaliniana. Se hará de todo para hacer desaparecer los valores y tradiciones religiosas, morales y culturales tan ricas en el aspecto espiritual. Desde los años 1920, la Emigración Rusa en el exilio ha procurado preservar todos estos valores fundamentales de Rusia, transmitidos de generación en generación dentro del espíritu de la frase tan querida por Iván Bounine, Premio Nóbel:” No estamos en el exilio, estamos en misión”.

Para concluir, 1917 parece como una ruptura fundamental, engendrando después del mes de octubre, un largo periodo liberticida. Sus inconmensurables consecuencias afectarán trágicamente el curso de la historia de Rusia a lo largo de todo el Siglo XX, privándola particularmente de una gran parte de sus élites.

Y sin embargo, en el contexto histórico, esta tragedia no impedirá la contribución de Rusia y de su pueblo al desarrollo cultural, moral y espiritual de la humanidad.

Es por ello, por lo que el recuerdo del año 1917, nos impone un deber de testimonio y de memoria. Cien años después, el espíritu de justicia y la búsqueda de la verdad deben llevarnos a una condena oficial del bolchevismo y de todas sus consecuencias.


FEDERACION DE ASOCIACIONES RUSAS

Propuesta para renombrar calles de Palencia

Con motivo de la obligatoriedad de la aplicación de la mal llamada “Ley de memoria histórica” en nuestra ciudad, tras la desestimación por parte del Tribunal de Justicia de Castilla y León del recurso presentado por el Ayuntamiento de Palencia a la resolución judicial dictada el pasado seis de abril de 2016.

  Así, desde nuestra Asociación hemos formulado una propuesta en el Ayuntamiento de Palencia, explicando el porqué entendemos que hay que aprovechar esta situación de forma positiva para cubrir un vacío inexplicable en el callejero palentino, en cuanto a una serie de personajes históricos que por diferentes razones, colaboraron al buen nombre, así como al engrandecimiento de nuestra ciudad. Por ello, como Asociación Cultural que se ocupa y preocupa por el conocimiento y la divulgación de nuestra historia, nos atrevemos a proponer los siguientes nombres para las calles de nuestra ciudad: Rey Fernando III el Santo, Rey Sancho III el Mayor, Reina Blanca de Castilla, Almirante Gabriel de Castilla, Reina Berenguela de Castilla y Juan de Carrión; con cuyo reconocimiento en el callejero palentino, estamos seguros no solo de que se haría justicia con lo que significaron, sino que además ayudaría para que los palentinos de hoy en día conocieran sus logros, virtudes y hazañas. 

Adjuntamos un pequeño resumen de la vida de los personajes que proponemos.

-          FERNANDO III EL SANTO
 Monarca referente en la Historia de España, fue Rey de Castilla desde 1217, y de León desde 1230 hasta su muerte en 1252. Su relación con Palencia fue abundante, recordando que pasó varios años de aprendizaje en su juventud cursando en los Estudios Generales que precedieron a la Universidad; tampoco podemos olvidar que su matrimonio con Dª Beatriz de Suabia fue en la localidad de Carrión de los Condes; y como causa mayor para esta propuesta, valga que fue en la localidad palentina de Autillo de Campos, donde fue Proclamado Rey de Castilla, el 14 de junio de 1217. Siendo este año el VIII Centenario de dicha Proclamación, añadido a que Palencia es la única capital de Castilla y León que no cuenta con una calle dedicada al Rey San Fernando, consideramos que es más que justa nuestra petición

-          REINA BLANCA DE CASTILLA
 Quinta hija de los reyes Alfonso VIII y Leonor Plantagenet de Castilla, la reina Blanca nació en Palencia el cuatro de marzo de 1188. Tras pasar parte de su infancia en nuestra tierra, contrajo matrimonio con el rey Luis VIII de Francia en el año 1200 con apenas doce años. La reina Blanca quedó viuda en el año 1226, convirtiéndose en Reina regente de Francia hasta la mayoría de edad de su primogénito, el futuro rey San Luis IX de Francia.

-          REY SANCHO III EL MAYOR
 Rey de Navarra desde 1004, extendió sus dominios hacia el oeste convirtiéndose en regente del Condado de Castilla. Es durante esta época, cuando Sancho se empeña en repoblar la ciudad de Palencia, que desde los tiempos de la despoblación llevada a cabo por el rey Ramiro I de Asturias, se encontraba despoblada. Así, restableció la diócesis episcopal –que ya lo fue en tiempos de los Reyes Godos- en el año 1034, adjudicando el gobierno al obispo Poncio de Tabérnolas. Es incomprensible, que la ciudad de Palencia no reconozca con alguna calle principal, además de algún monumento, a quien fue su refundador y máximo revitalizador.

-          GABRIEL DE CASTILLA
 Es Gabriel de Castilla, otro caso inconcebible de olvido por parte de Palencia. Nacido en 1577 en Palencia -en el seno de la ilustre familia del linaje del rey Don Pedro I-, marcho muy joven hacia América donde fue recibido por su tío, el también palentino Don Luis de Velasco y Castilla, a la sazón Virrey de la Nueva España en aquel momento. En América se hizo un nombre, llegando a ostentar finalmente el cargo de Almirante de la Mar del Sur. Es en esta época cuando nuestro palentino universal, navega en el mes de marzo del año 1603 bajo los sesenta y cuatro grados de latitud Sur, llegando a divisar a bordo del navío Nuestra Señora de las Mercedes, convirtiéndose de esta manera en el descubridor del continente Antártico. Hoy en día, la base española en la Antártida, lleva el nombre de nuestro ilustre paisano.

-          REINA BERENGUELA DE CASTILLA
 Fue Doña Berenguela la hija primogénita de los reyes Alfonso VIII y Leonor Plantagenet de Castilla, así como la madre del rey Fernando III el Santo. La ilustre reina castellana, siempre mantuvo una importante relación con nuestra tierra y sus gentes, siendo Palencia el lugar elegido por ella, cuando a raíz de la muerte de sus padres, se vio forzada a abandonar la regencia que sobre su hermano el rey Enrique I ostentaba, y refugiarse de la familia los Lara, que aspiraban a dominar el Reino. Protegida fundamentalmente por las familias Téllez de Meneses y Girón, desde Palencia organizó Berenguela la resistencia, que culminaría con su Proclamación como Reina en Palencia el año 1217, tras la muerte del rey Enrique en viejo alcázar episcopal palentino, tras golpearle una teja en la cabeza.

-          JUAN DE CARRIÓN
 Don Juan de Carrión fue un hidalgo natural de la localidad palentina de Carrión de los Condes, que como tantos otros españoles de su época, marcho a América en busca de fortuna y gloria. Tras llegar a tierra americanas sobre el año 1520, pronto comenzó a colaborar con Francisco Pizarro, llegando a alcanzar el grado militar de Alférez Mayor. Lo que hace único a este palentino, es precisamente que fue uno de los llamados “trece de la fama” que  junto al conquistador extremeño iniciaron la conquista del Perú en el año 1526. Juan de Carrión, fue condecorado con el título de Caballero de la espuela de oro, junto a los doce compañeros que se atrevieron a atravesar la línea marcada en el suelo por Pizarro en la Isla del Gallo, tras decir aquello de “Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere”.

A.C.T. Fernando III el santo

La A.C.T. Fernando III el Santo en los actos en memoria del rey Luis XVI

Respondiendo al compromiso de lealtad adquirido por los tradicionalistas palentinos con la Monarquía Legítima -dique sólido e imprescindible garante en la defensa de nuestras Tradiciones-, una representación de la A.C.T. Fernando III el Santo se trasladó el pasado 21 de enero hasta París, donde participamos junto con carlistas llegados desde diferentes puntos de España, en los actos que organizados en dicha capital francesa por el pujante tradicionalismo francés en memoria del rey mártir Luis XVI de Francia, se sucedieron con motivo del 224 aniversario de su ignominioso asesinato en la guillotina. 
Los actos contaron con la presencia de S.A.R Don Sixto Enrique de Borbón Parma, Duque de Aranjuez y Abanderado de la Tradición.

Dios, Patria, Rey


Adjuntamos imágenes de la jornada, así como la nota de prensa publicada por Agencia Faro a la que nos adherimos:



París, 22 enero 2017Domingo III después de Epifanía; Santos Vicente y Anastasio, mártires. El 21 de enero de 1793, en la plaza parisina de Luis XV, hoy llamada engañosamente de la Concordia, la guillotina segaba la vida del rey Luis XVI de Francia. Al hacerlo, la Revolución iniciada en 1789, y que aún debía pasar pasar por distintas fases, simbolizaba también la ruptura con el orden sacral que el rey representaba.

Contando con la aprobación de su primo el Rey Don Jaime, en 1914 el entonces Príncipe Javier de Borbón Parma y Braganza (hijo del Duque Roberto, último reinante en Parma e Infante de España), fundaba el Mémorial de France à Saint-Denys (Memorial de Francia en San Dionisio, Saint-Denis) para garantizar el ofrecimiento de Misas perpetuas por el alma de los reyes Luis XVI y María Antonieta en la Basílica de San Dionisio, necrópolis de los Reyes de Francia, según lo dispuesto en 1815 por el rey Luis XVIII. Durante muchos años el propio Don Javier presidió habitualmente la Misa solemne ofrecida el día 21 de enero, como tras él siguió presidiéndolas su hijo Don Sixto Enrique de Borbón. El Duque de Bauffremont, junto a Don Javier y Don Sixto Enrique, se ocupó de la gestión de la Obra Pía a través de una asociación que hoy gestiona su hijo.

El pasado año 2016, durante la misa (Novus Ordo, contra lo que era habitual en estas celebraciones) el abate Augustin Pic, conocido progresista, dio lectura a una salutación del "Duque de Anjou", atribuyendo tal título a un ausente Luis Alfonso de Borbón (rectius Puigmoltó) y Martínez-Bordiú, lo que motivó que S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón abandonara el acto. El Duque de Bauffremont escribió los días siguientes una carta de excusa a Don Sixto Enrique; aunque no parece que la tal excusa fuera total ni sincera, a la vista de su comportamiento anterior y posterior. A tal punto que este año invitó al tal Luis Alfonso a presidir la Misa de San Dionisio. Don Sixto Enrique, lamentando el comportamiento de Bauffremont, y sintiéndolo mucho, prefirió no acudir este año. Al final la Misa en Saint-Denis volvió a celebrarse por el rito tradicional, abandonando los cambios del año pasado, pero se vio deslucida por una extraña presidencia de Luis Alfonso Martínez y su mujer venezolana (hija del banquero chavista Víctor Vargas, para quien Luis Alfonso trabaja); ésta lució larga melena suelta, en desprecio al rito tradicional romano que se celebraba. Fue una ceremonia seguida por no demasiada gente, a la que jóvenes legitimistas franceses entregaron copias de la carta de Bauffremont a Don Sixto Enrique y la respuesta de éste, dejando claros el proceder de unos y la precedencia de otros.

Por el contrario, Don Sixto Enrique presidió primeramente la tradicional conmemoración del martirio del Rey Luis XVI en la Plaza de Luis XV (de la Concordia), a la que llegó escoltado por una treintena de carlistas tocados con la correspondiente boina roja y con las banderas rojigualda y blanca con la cruz de Borgoña, desfilando desde la Plaza de la Magdalena entre la curiosidad de parisinos y turistas y la adhesión de los no pocos que los reconocieron. La concentración estaba convocada por France Royaliste; se veía también alguna bandera de la Alliance Royale. Por France Royaliste intervino Pierre Jeanthon. A continuación Don Sixto Enrique de Borbón pronunció unas vibrantes palabras en francés y en español; cerró el turno de intervinientes el reverendo Paul Aulagnier. La lectura del testamento del Rey Mártir y los cantos cerraron este acto de su CCXXIV aniversario.

Acto seguido, acompañado de nuevo por los leales carlistas españoles, el Abanderado de la Tradición se desplazó a la iglesia de San Eugenio y Santa Cecilia, llena a rebosar de fieles, donde el reverendo señor don Eric Iborra celebró una solemne Misa de réquiem según el rito romano tradicional. Cantada por la magnífica Schola Sainte Cécile, que interpretó la Misa de Réquiem a cinco voces llamada "de los reyes de Francia", del maestro de la real capilla Eustache du Caurroy (1549-1609), cantada en Saint Denis en todos los funerales reales desde 1610 hasta la Revolución. Don Sixto Enrique ocupó el lugar de honor junto al catafalco; la escolta carlista (encabezada por el Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, profesor José Miguel Gambra) fue situada en lugar destacado cerca de Su Alteza al inicio de la nave lateral y, al terminar la ceremonia, le hizo un pasillo entre los vítores de los asistentes. El entusiasmo fue tal que hubieron de cantar el Oriamendi a solicitud de un grupo de franceses asistentes.

Finalmente, en un simpático bistrot del Barrio Latino, tuvo lugar un almuerzo de hermandad de los carlistas con los jóvenes de la Acción Francesa Universitaria en torno del Señor, quien saludó personalmente a todos los asistentes. En resumen, en un día frío y soleado de invierno, un digno homenaje a Luis XVI a los 224 años de su martirio, y una calurosa celebración tradicionalista en torno del Príncipe que mejor representa la Causa de la Cristiandad y de la Monarquía: el Abanderado de la Tradición carlista y legitimista, Don Sixto Enrique de Borbón y Borbón Busset.

Tanto la víspera, el viernes 20, como la tarde del mismo sábado 21, Don Sixto Enrique se reunió con los miembros de su Secretaría Política desplazados a París al frente de la nutrida delegación carlista.










   
 

La ACT Fernando III el Santo en la Basílica-Catedral de Saint-Denis

La Tertulia de la Historia: Camino de Santiago, la ruta hacia el fin del mundo.



                     http://latertuliadelahistoria.com/podcast-8-camino-de-santiago/


Leyenda recordando el paso de Alfonso II el Casto por la muralla romana de Lugo

Cruz de Santiago en Clavijo (La Rioja)
Gallo de Portugal en Barcelos
Crucero en la Villa de Betanzos (La Coruña)

 

Declaración del Emperador Carlos V en la Dieta de Wörms

Dieta de Wörms
Vosotros sabéis que Yo desciendo de los Emperadores Cristianísimos de la noble nación de Alemania, y de los Reyes católicos de España, y de los Archiduques de Austria y Duques de Borgoña; los cuales fueron hasta la muerte fieles de la Santa Iglesia Romana, y han sido todos ellos defensores de la Fe Católica y Sacros Cánones, Decretos y Ordenamientos y loables costumbres, para la honra de Dios y aumento de la Fe Católica y salud de las almas. Después de la muerte, por derecho natural y hereditario, nos han dejado las dichas santas observancias católicas, para vivir y morir en ellas a su ejemplo. Las cuales, como verdadero imitador de los dichos nuestros predecesores, habemos por la Gracia de Dios, guardado hasta agora. Y a esta causa, Yo estoy determinado de las guardar, según que mis predecesores y Yo las habemos guardado hasta este tiempo; especialmente, lo que ha sido ordenado por los dichos mis predecesores, ansi en el Concilio de Constancia, como en otros.
Las cuales son ciertas, y gran vergüenza y afrenta nuestra es, que un sólo fraile, contra Dios, errado en su opinión contra toda la Cristiandad, así del tiempo pasado de mil años ha, y más como del presente, nos quiera pervertir y hacer conocer, según su opinión, que toda la dicha Cristiandad seria y habría estado todas horas en error. Por lo cual, Yo estoy dispuesto de emplear mis Reinos y Señoríos, mis amigos, mi cuerpo, mi alma, mi sangre, mi vida y mi alma; porque sería gran vergüenza a mí y a vosotros, que sois la noble y muy nombrada nación de Alemania, y que somos pro privilegio, y preeminencia singular instituidos defensores y protectores de la Fe Católica, que en nuestros tiempos no solamente heregia, más ni suspición de ella, ni disminución de la Religión Cristiana, por nuestra negligencia, en nosotros se sintiese, y que después de Nos quedase en los corazones de los hombres para nuestra perpetua deshonra y daño de nuestros sucesores. Ya oísteis la respuesta pertinaz que Lutero dio ayer en presencia de todos vosotros. Yo os digo, que me arrepiento de haber tanto dilatado de proceder contra el dicho Lutero y su falsa doctrina. Estoy deliberado de no le oír hablar más, y entiendo juntamente dar forma en mandar que sea tomado, guardando el tenor de su salvoconducto, sin le preguntar ni amonestar más de su malvada doctrina, y sin procurar que algún mandamiento se haga de como suso es dicho; e soy deliberado de me conducir y procurar contra él como contra notorio hereje. Y requiero que vosotros os declaréis en este hecho como buenos cristianos; y que sois tenidos de lo hacer como lo habéis prometido.

Hecho en Bormes a 19 de abril de 1521, de mi mano, Yo el Rey.

12 de Octubre, Festividad de la Virgen del Pilar, Día de la Hispanidad.


Cuenta la Tradición que el dos de enero (Fiesta de la Venida de la Virgen) del año cuarenta de la era Cristiana, la Santa Madre de Dios se apareció en carne mortal sobre un solemne Pilar al Apóstol Santiago, quien desesperado en su misión evangelizadora, se encontraba meditativo junto a un reducido grupo de cristianos hispanos en Caesar Augusta (Zaragoza).

Quiso así Nuestra Señora, mostrándose de esta forma singular -pues además de ser su primera aparición, fue la única que se produjo durante la propia vida carnal de la Madre de Dios-, transmitir al Pueblo Español por mediación de su principal heraldo, el Apóstol Santiago el Mayor, Patrón de España, su condición de pueblo elegido por el Señor para llevar la palabra de Dios hasta los confines del mundo.

Así lo reconoció posteriormente el Santo Padre Clemente XII, otorgando a la Festividad de la Virgen del Pilar la fecha del doce de Octubre, día histórico en que las naos castellanas descubrieron el Nuevo Mundo para la Cristiandad por medio de la Monarquía Hispana y sus heroicos hijos.

Oh Virgen del Pilar, Reina y Madre.
España y todas las naciones hispanas
Reconocen con gratitud tu protección constante
Y esperan seguir contando con ella.
Obténnos de tu Hijo fortaleza en la fe,
Seguridad en la esperanza
Y constancia en el amor.
Queremos que en todos los instantes de nuestra vida
Sintamos que tú eres nuestra Madre.

Por Jesucristo Nuestro Señor. 

Amén.

La Espada Lobera "San Fernando Rey, celebrado en su apoteosis canónica en la Sevilla barroca a través de una obra emblemática"



Aunque el Romano Pontífice Sixto V (1521-1590) confirmó la veneración que la iglesia española profesaba a Fernando III de Castilla, reconociéndolo como Santo Rey, el Papa Urbano VIII (1568-1644) vino a imponer severas restricciones al culto por lo que el proceso de la canonización del Rey se vio detenido hasta que, tras la defunción de Urbano VIII en 1644,  pudo reemprenderse con redoblado ímpetu para ser, por fin, proclamado santo por Su Santidad Clemente X (1590-1676) el 7 de febrero del año 1671. En todos los reinos hispánicos de aquende y allende el Atlántico celebraron tan feliz acontecimiento universal de la Iglesia Militante que reconocía al Santo Rey como bienaventurado miembro de la Iglesia Triunfante. Pero pocas ciudades celebraron con mayor efusividad la canonización de Fernando III el Santo como aquella que tuvo y tiene la gracia de custodiar sus santas reliquias: Sevilla.
El clero, la nobleza, los hombres cultos y los artistas, el pueblo… Todos: la totalidad de la población sevillana había sido celosa defensora de la santidad de Fernando III de Castilla y, conocida la buena nueva, se aprestaron a celebrar por todo lo alto tamaño evento en Sevilla. Los fastos fueron tan magníficos que el cabildo de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla encomendó a Fernando de la Torre Farfán (1609-1677) que registrara por escrito el relato de la fiesta con  las pompas y artificios que se erigieron en Sevilla por tan espléndido acontecimiento para la Iglesia y para España. Y el comisionado Fernando de la Torre Farfán compuso así un libro conmemorativo que, al que, a guisa de la época, puso el prolijo título: “Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. Fernando el tercero de Castilla y León; concedido a todas las Iglesias de España, por la Santidad de Nuestro Beatissimo Padre Clemente X…”, dándose a la estampa en la Casa de la viuda de Nicolás Rodríguez, Sevilla (faltaría más), el año de gracia de 1672.


 Don Fernando de la Torre Farfán
Era a la sazón Fernando de la Torre Farfán un erudito sacerdote, fino poeta y cronista, además de organizador de justas literarias y poéticas. Como su segundo apellido indica, Fernando pertenecía al esclarecido linaje de los Farfán de los Godos (antiguos godos cristianos –mozárabes- que se vieron a ser deportados a África, tras la expedición de Alfonso I el Batallador a las Andalucías, pero que durante la Reconquista retornaron a la península para engrosar las filas de los ejércitos cristianos). El mérito de la autoría del libro que conmemoró la canonización de San Fernando en Sevilla es, indudablemente, de Fernando de la Torre Farfán, pero el esplendor de las fiestas de que da cuenta no sería debido solo a Fernando de la Torre Farfán, puesto que al texto que fue de su Minerva, le acompañaron los impresores que pusieron toda su habilidad y los recursos técnicos de la época para que saliera de las prensas una obra encomiable no sólo por la materia que toca, sino por su concepción y forma. Y, además de la pulcritud con la que trabajaron los impresores para producir una obra maestra, hay que añadirle la calidad artística de los 21 grabados con los que la obra se estampaba, hechura de artistas de la talla de Juan de Valdés Leal (1622-1690), famoso por las excelentes obras pictóricas que exornan el Hospital de la Santa Caridad de Sevilla, y el mismo que también realizaría, a petición del cabildo catedralicio de Jaén, el óleo sobre lienzo de San Fernando Triunfante para la Santa Iglesia Catedral de Jaén, donde a día de hoy se conserva: aprovecho para decir que uno de los grabados más excelentes de esta magna obra que comento guarda una inconfundible similitud con la composición del óleo de la catedral giennense (especialistas en Historia del Arte podrían afinar más que yo en la puntería en cuanto a la datación comparada de ambas obras artísticas). Además de Valdés Leal trabajarían en los grabados de este libro otros artistas como la misma hija del maestro Valdés Leal, Luisa Rafaela de Valdés Morales (nacida en 1654), el hermano de ésta e hijo de aquél, Lucas Valdés (1661-1725), Francisco Herrera “El Mozo” (1622-1685), Matías de Arteaga (1630-1703) y el genial Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682);  Murillo había empezado muy pronto a recopilar, junto a Francisco López de Caro, la representaciones iconográficas que sobre Fernando III el Santo existían en Sevilla.

Triunfo de la Canonización de Fernando III el Santo, Juan de Valdés Leal
La obra que nos ocupa, por lo tanto, es un caso paradigmático de un género bibliográfico a medio camino entre la literatura y la imagen que fue muy cultivado en la España de los Siglos de Oro hasta bien entrado el XVIII: el por lo general conocido con el nombre de “Emblemática”. La “emblemática” constituye un género hoy por desgracia desaparecido cuyos inicios pueden fecharse allá por el siglo XV, con la “Hypnerotomachia Poliphili” (El Sueño de Polifilo) de Francesco Colonna y los “Hieroglyphica” de Horapollo. En ella se dan la mano el arte de la memoria, los bestiarios medievales y la erudición humanista tan del gusto del Renacimiento. En el siglo XVI sería el milanés Andrea Alciato el que la elevaría a su máxima expresión, marcando un antecedente que inspiraría a otros que siguieron su estela como Giovio, Simeoni o Tasso. España no se quedaría rezagada y, tras las traducciones al castellano de las principales obras emblemáticas que se hacían en Europa (sobre todo en Italia), algunos españoles acometerían la labor de “fabricar” sus propios repertorios emblemáticos: así, humanistas polígrafos como Benito Arias Montano, el valenciano Juan de Borja, Juan de Horozco y Covarrubias, Sebastián de Covarrubias, el jiennense Juan Francisco de Villava irían dando sus “Emblemas”, “Empresas”, etcétera a las prensas, aunque -como hitos principales de la “emblemática” española- hemos de citar la “Idea de un príncipe político christiano, representada en cien Empresas” de Saavedra Fajardo o el tratado de Baltasar Gracián titulado “Agudeza y arte de ingenio”. Los jesuitas prestarían especial atención a esta modalidad literaria-iconográfica, en virtud de las mismas enseñanzas que habían recibido de su Padre Fundador San Ignacio de Loyola, éste -en los “Ejercicios Espirituales”- empleaba recursos eminentemente de la “imaginación” para la meditación eficaz que condujera al practicante a la transformación radical de su vida, encaminando ésta en derechura a su salvación.

Pero la emblemática también se aplicó como método didáctico con motivo de acontecimientos que se celebraban en la España de los Siglos de Oro: canonizaciones, exequias, visitas de la Familia Real a una ciudad… Eran acompañadas por la fastuosa construcción de arquitecturas efímeras que se levantaban para boato de aquellos acontecimientos, solemnizándolos. Y, como aquellas tramoyas materiales con sus cartones, gráficos y poemas de ocasión, se retiraban al término de los actos que se celebraban, las autoridades que los sufragaban solían encargar a un cronista que tomara buena nota de todo lo que se había desarrollado con motivo del evento en cuestión, para memoria perpetua. Así es como nos dice D. Antonio Martínez Ripoll: “…las primeras obras conocidas de este género y que al mismo tiempo son manifestaciones artísticas dignas de aprecio se dan en España en los festejos públicos en los que la Corona, la Iglesia, los concejos o cualquier otra institución levantaban aparatos de arte efímero, encargando la futura memoria de los sucesos de carácter festivo y conmemorativo a la imprenta, por medio de establecer la relación del evento con la descripción de los programas iconográficos utilizados para celebrar las entradas reales, las exequias de personajes ilustres, las procesiones, los autos de fe, las canonizaciones de santos, etcétera, en los que se advierte la utilización de emblemas, empresas y jeroglíficos concebidos y ejecutados según las normas canónicas fijadas, y ello mucho antes de que existieran los libros propiamente emblemáticos. Lamentablemente, de este material efímero, destinado a desaparecer en el momento en que se retirasen los aparatos y catafalcos levantados para la ocasión, no ha quedado más rastro que esas descripciones” (Antonio Martínez Ripoll, “Iconología y Emblemas en los siglos XVI y XVII”, en “Las Enciclopedias en España antes de l’Encyclopédie”, obra de varios autores con Alfredo Alvar-Ezquerra como Editor, publicado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 2009).

Es por esto último, por ser el testimonio sobreviviente de aquellas celebraciones festivas, por lo que este libro de Fernando de la Torre Farfán adquiere para nosotros, devotos de San Fernando Rey, un enorme valor. Aquella Sevilla de las postrimerías del siglo XVII, de arraigadas y fuertes devociones, se movilizaba para ensalzar a Fernando III el Santo en una apoteosis como nunca se viera antes, desplegando toda la pompa y magnificencia barrocas: hombres cultos y artistas arrimaban el hombro para conjuntamente ofrecer al pueblo hispalense unas jornadas que merecían ser recordadas a perpetuidad, incluso después de retirar todas las arquitecturas efímeras que se erigieron para solemnizar los oficios religiosos y el regocijo popular. Y gracias a éste libro de Fernando de la Torre Farfán podemos figurarnos el impacto que aquellas fiestas tuvo en la población de Sevilla.

En los emblemas que se realizaron para la celebración fernandina en Sevilla latía, como era la costumbre en estos casos, una fuerte intención didáctica: la de ofrecer a todos, desde el noble al pregonero, el ejemplo ensalzado de las virtudes heroicas de Fernando III de Castilla, como modelo perfecto de Rey Santo. Para ello, las palabras eran insuficientes: al mote o lema (consistente en una lapidaria y aguda sentencia breve que cifraba una enseñanza; que los tratadistas también llaman “alma” del emblema) había que aparejarlo con una imagen (llamada “pictura”, “imago” o “symbolum”) que, a través del poder visual icónico, trasladara al público que la contemplaba una imagen que, a la vez que plasmara exteriormente –en grabados y aguafuertes- un eficaz motivo visual, sirviera más fácilmente para anclarse en el destinatario que de este modo podría recordar mejor la enseñanza, interiorizándola y haciéndola suya. Esto se llegó a poner en pie en Sevilla, se desmanteló, pero por medio de este libro podemos asomarnos leyendo la relación que el autor compuso, con los grabados estampados que son trasunto de lo que se colocó en la ciudad. La altísima calidad de esta obra que vendría a ser como un reportaje de la época viene también dada por la exquisita factura de las obras pictóricas, para las cuales concurrieron en su realización las personalidades artísticas de la época, la flor y nata de los artistas hispalenses, que ya llevamos arriba dicho.

El libro, por lo tanto, no constituye una biografía –hagiografía, dijéramos mejor- de San Fernando Rey, sino que es el documento de unas jornadas apoteósicas que mantuvieron a Sevilla en vilo, amenizando y admirando a la muchedumbre con los recursos del ingenio y el arte. Es por ello que Fernando de la Torre Farfán, en la dedicatoria al Rey Nuestro Señor, establece el límite de su propósito, declarando que: "No es mi asunto, pues, escribir tan grande Historia, sino solo presentarle a V. M. en la descripción destas Fiestas la Vida maravillosa, y las Hazañas Inclítas de un Monarca verdaderamente Héroe, y con toda Perfección Santo". (A partir de ahora, cuando reproduzcamos pasajes textuales del libro que nos atañe, advertimos que corregimos sobre la marcha la grafía de la época, para facilitar la comprensión del lector actual).

Para hacernos una ligera idea de la sobrecogedora parafernalia barroca y el efecto que produjo en el pueblo fiel, hagámonos eco de algunos pasajes del mismo cronista que, por ejemplo, nos traslada que el clero y las autoridades fueron a "visitar la urna gloriosa del Señor Santo Rey, donde ya estaba colocado un simulacro de su sagrada efigie, formado de elegante talla, su sitio sobre el altar [...] donde nuestro prelado con solemnidad y ternura pronunció la oración: "Deus, qui Beatum Ferdinandum..." a quien respondió el Coro con la Música, los ojos del innumerable pueblo con lágrimas". El sentimiento de un pueblo entero a flor de piel: “los ojos del innumerable pueblo con lágrimas” responde a la oración. Allí clero, nobles, pueblo llano unidos todos bajo San Fernando Rey en su triunfante proclamación de santidad. La relación también describe la admirabilísima belleza y engalanamiento con que todo había sido hecho, estudiado al detalle con el esmero que solo un pueblo artista es capaz. Ahí está todo aquello, levantándose otra vez en nuestra imaginación lectora mediante el poder evocatorio de la palabra: las construcciones que se alzaron para el evento, las medidas, los arcos, los catafalcos, los enseres empleados, la disposición armoniosa y refulgente del arte, todo ello puesto al servicio de la edificación espiritual y moral de un pueblo entero: la belleza transfiguradora que eleva las almas a los altos sentimientos y enciende el fervor por los nobles ideales, que conmueve e impulsa al bien común. Oficios religiosos con la mayor de las unciones tridentinas, fuegos artificiales, jolgorios públicos, máscaras por las calles, desfiles a caballo de la nobleza... Y los emblemas. No podemos dar cuenta pormenorizada de emblema por emblema, pero no podemos resistirnos a mostrar algunos de ellos que son de este tenor:

Las armas del Rey Fernando y sus atributos monárquicos adquieren, a la luz del ingenio de los artífices de estos fastos, un poder simbólico condensado en estos tercetos que iban acompañados de sus respectivas imágenes hechas para la ocasión; así la loriga:

"Vistió el Sagrado Monarca
La Justicia: y hoy la obliga
A su loor, siendo Loriga".

El yelmo:

"Su frente ciñó de acero,
Que templado en la virtud,
Fue celada, y es salud".

Sus virtudes guerreras, su acometividad y beligerancia, esmaltan al Santo Rey transformándolo en un rayo del divino Redentor de sus reinos:

"Vistiendo Santa Venganza,
Y armado de Alto Rigor,
brilló Rayo, y Redentor".

Tampoco puede olvidarse la capa celestial con la que cubren los ángeles al Rey Fernando, admitido gozosamente a la Gloria de los Santos en premio de sus impecable servicio a Dios como Rey:

"Esta Capa de Zafiros,
En Premio de su Desvelo,
Le dio el Cielo por su Celo".

El cetro y la espada se convierten para el glorioso monarca en escalera a la bienaventuranza de la gloria que lo nimba:

"Deste Cetro, y desta Espada
Hago escala desde el suelo
Por donde subas al Cielo".

Para la época de los fastos estaba claro que las consecuencias de las empresas guerreras: la muerte y el cautiverio de los enemigos no es ni mucho menos para lamentar, al revés: es preciosa. Aquellos españoles que celebraban la canonización no sufrían en sus almas el mal de nuestros aciagos tiempos, cuando un reblandecido sentimentalismo pacifista parece inducirnos al abandono de toda defensa propia en un impulso suicida, todo ello en virtud de una perniciosa interpretación del Evangelio:

"La Cadena, que el Gran Rey
Puso al Moro, como Pena,
Fue Preciosa, aunque Cadena".

En la guerra, se mata o se muere, se es derrotado o se vence en gloria. Y es la Cruz la que guía y la que otorga todo Triunfo:

"Cruza, Moro, que esta Cruz,
Que hace mía la Victoria,
Hará de entrambos la Gloria".

La fe del Rey, acrisolada en la prueba de la guerra santa:

"Mi Fe bastará a vencer
Aquella espada encorvada,
Pues Dios ayuda mi espada".

Pero es ese mismo rey, quien por sus virtudes cristianas y caballerescas, prepara el advenimiento de la Edad de Oro, vaticinada en sus versos por Hesíodo o Virgilio, así como por otros poetas clásicos:

"Por ti vuelve el Siglo de Oro,
Pues supo amistar tu mano
El moro con el cristiano".

Tampoco se olvidan los artífices de estos lemas de agradecer al Santo Padre de Roma Clemente X que fuese el Papa que proclamase la santidad de Fernando III, terminándolo por confirmar en su canonización universal que el pueblo hispánico sentía desde hacía siglos y desde centurias atrás anhelaba:

"El Áncora de Clemente
Me aseguró la Victoria
De Sevilla y de la Gloria".

Ha sido mi propósito presentar someramente una obra impresa que constituye un hito a tener en cuenta para todos los devotos fernandinos. Espero que estos párrafos que a ella he dedicado estimulen al conocimiento de esta obra emblemática que no tiene parangón en su género y constituye para la temática fernandina un objeto precioso como testimonio de nuestra Tradición, tradición fernandina a cuyo estudio estamos consagrados por voto, como súbditos y caballeros que somos de San Fernando Rey.   


Manuel Fernández Espinosa
Caballero de San Fernando

* Manuel Fernández Espinosa (Torredonjimeno, Jaén, 1971) es licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por Salamanca, diplomado en Ciencias Religiosas por la Pontificia de Comillas y caballero de la Orden de Ballesteros y Caballeros de la Vera Cruz de Fernando III el Santo de Santa Elena.